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DISFONIAS

Las anomalías de la voz o disfonías en general son todos los defectos de la calidad de la voz debido a alteraciones anatómicas, fisiológicas o psíquicas que afectan al aparato vocal. En su grado máximo, el paciente no puede emitir ningún sonido y se denomina afonía.

Según las estadísticas, entre el 30 y el 40% de los niños escolarizados en educación infantil presenta disfonía.

Aunque pueden existir otro tipo de causas, tales como infección de vías respiratorias altas, papilomas, alergias, reflujo gastroesofágico o cualquier otra de tipo orgánico, la causa más frecuente de la disfonía es el abuso vocal. Y es en el abuso vocal donde encontramos una serie de malos hábitos vocales: gritos, carraspera, hablar en exceso y a gran volumen en el recreo o en la práctica deportiva.

La voz alta o el grito puede ser expresión de alteraciones de tipo psicológico, emocional o situaciones de angustia, o bien puede deberse a una mala educación vocal.

Quizá lo primero que debemos hacer en muchas ocasiones es preguntarnos por qué gritan los niños.

En el entorno familiar se habla con el televisor o la radio como sonido de fondo y a elevado volumen, los padres reprenden a voces, el "modelo educativo" de la televisión en el que los personajes de dibujos animados, los protagonistas de las series infantiles, y el resto de la programación “pensada para ellos”, grita para hacerse oír, y lo que es peor, el que grita es el vencedor.

El mejor tratamiento de las disfonías consiste en su prevención. Se puede enfocar desde la evitación y/o eliminación de agentes externos: tabaco, alcohol, gases nocivos (lacas, tintes,...), comidas y bebidas fuertes o demasiado calientes o frías, determinados medicamentos, ambientes muy calientes o fríos, cambios bruscos de temperatura, ambientes ruidosos que obligan a forzar la voz, situaciones de estrés...

Hábitos incorrectos:

La mayoría de estos hábitos pueden corregirse o modificarse para que, si se dan, el perjuicio para la laringe sea el menor posible.

Hábitos correctos:

Lo más importante es que el niño se dé cuenta de cómo habla y qué pautas sigue para hacerlo para así intentar evitar o corregir aquellas que no realice correctamente.

De la misma forma se debe concienciar a la población de la importancia de su voz y de la incorporación a su vida diaria de una serie de hábitos para cuidarla y mejorarla.

 

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