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La paradoja de la depresión sin tristeza

19 de febrero de 2011.

Las personas tienen síntomas físicos y es más común en aquellas que no pueden expresar sentimientos; el riesgo crece con la edad

Acude al médico con una colección de síntomas físicos molestos: problemas para dormir, cansancio, más o menos apetito que de costumbre, ausencia de deseo sexual, problemas de concentración, sensación de falta de aire, taquicardia.

Pero ante el síntoma fundamental de la depresión, el paciente, casi siempre sonriente y tranquilo, responde: "Bien, de ánimo bien."

Sin embargo, no está nada bien. En realidad está padeciendo una depresión, pero no una depresión cualquiera sino un tipo especial de síndrome depresivo caracterizado paradójicamente por la ausencia de tristeza. Más bien, podría decirse, por la incapacidad de sentir que se está triste, de reconocerse en ese sentimiento.

Este tipo de pacientes son sujetos que ingresan en la consulta sonriendo y así siguen mientras describen sus síntomas físicos, pero que a la pregunta de si realmente están contentos de vivir, pueden llegar a contestar con un gesto evasivo, admitiendo ante otra pregunta que sí, que a veces creen que tal vez su familia se sentiría mejor si ellos no estuvieran o que tienen sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro.

La ideación depresiva está, los síntomas vegetativos están, pero falta el aspecto anímico de la depresión, no existe conciencia de las emociones o de lo que ellas significan. Por eso este tipo de depresión recibe el nombre de depresión no disfórica. La pobreza expresiva de quien padece depresión sin tristeza está claramente ligada a la dificultad de comunicación y a la concienciación de los propios sentimientos. En esto influyen también condicionantes culturales y estilos de crianza.

La depresión sin tristeza no tiene nada que ver con la distimia, que es una forma más moderada de depresión a largo trazo, pero donde la persona es totalmente consciente de su sentimiento de tristeza, ni tampoco con la depresión ansiosa, que implica la concienciación del problema.

El depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada con lo anímico.

Se recomienda la consulta con el especialista si vemos que alguien de pronto tiene problemas para dormir o ha bajado involuntariamente de peso o un esposo cambia su actitud y está cansado, sin ganas de vivir, y los fines de semana ya ni se levanta para mirar fútbol en la tele. Lo primordial es ser conscientes y pedir ayuda. Luego, de una u otra manera, se puede salir adelante porque hay muchas maneras de tratar la depresión.

 

Fuente: La Nación

 

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